Os miráis a los ojos y vuelves a recordar el porqué estas con él.
Poco a poco te vuelve a recordar lo miserable que eres, tan miserable que solo te merece el, te dice lo que tienes que hacer y cómo hacerlo, el que ponerte y con quien ir, una vez más se altera, te desprotege y te da cardenales para las aspirinas.
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