25 de noviembre de 2013

La familia lejana. . . o cercana


 Esos acontecimientos obligatorios donde se junta toda la familia de todos y todas.
Donde saludas a gente que no conoces de nada, que supuestamente habéis pasado veranos y veranos juntos, pero ahora con 20 y tanto años no sabes ni como se llama.
Te sientan en orden cronológico, así tenéis conversaciones de los mismos temas y gustos, claro si existe tal conversación, porque llega el momento donde sólo hay silencio y sólo tienes a la misma persona que ves en todas tus comidas, tus hermanos, claro también existe que todos ellos sean de la misma rama de familia y hablen y hablen y tu estés callado sin más, esperando al  entrante, el primero, el segundo y el postre... Por fin termina la comida y llega la hora de despedirse de todos, con algunos que ni aún te habías saludado en todo el día y otros que os miráis y os despedís con la cabeza.

Así termina la comida familiar de un bautizo o boda…Ir a misa aunque no creas, que diga el cura: Ahora todos contestareis creo en Dios.. Y todos como borregos contestan: Si, creo en Dios.
¿Pero de verdad crees en Dios? ¡Venga ya! Tus padres te bautizaron y te inculcaron desde pequeño esa creencia sin preguntarte al menos que querías, ¿qué pasa que por ser pequeño no puedes elegir? Puedes elegir el sabor del yogur, pero creer o no creer, no.

Pero vamos el tema va de que tu familia, con la que te has criado, no es la importante en días tan señalados, sino que el día lo maneja un señor llamado Dios, oraciones dedicadas a Dios y rezar a Dios. ¿Por qué no dedicar estos días a tu familia de verdad, no a la que te han inculcado, esa que es invisible pero te vigila, a la familia que lleva tu sangre?
Celebrar el nacimiento de un bebé con gente que no conoces, ¿por qué no dedicar más tiempo a la familia, a tus amigos…? y así el día especial todos se conocerán y habrá una conversación en la mesa.

Así, por desgracia, son la mayoría de las comidas de bautizos y bodas…


Será vuestra familia, pero no sabes quienes son.