Donde saludas a gente que no conoces de nada, que
supuestamente habéis pasado veranos y veranos juntos, pero ahora con 20 y tanto
años no sabes ni como se llama.
Te sientan en orden cronológico, así tenéis
conversaciones de los mismos temas y gustos, claro si existe tal conversación,
porque llega el momento donde sólo hay silencio y sólo tienes a la misma
persona que ves en todas tus comidas, tus hermanos, claro también existe que
todos ellos sean de la misma rama de familia y hablen y hablen y tu estés callado
sin más, esperando al entrante, el
primero, el segundo y el postre... Por fin termina la comida y llega la hora de
despedirse de todos, con algunos que ni aún te habías saludado en todo el día y
otros que os miráis y os despedís con la cabeza.
Así termina la comida familiar de un bautizo o boda…Ir a
misa aunque no creas, que diga el cura: Ahora todos contestareis creo en Dios..
Y todos como borregos contestan: Si, creo en Dios.
¿Pero de verdad crees en Dios? ¡Venga ya! Tus padres te
bautizaron y te inculcaron desde pequeño esa creencia sin preguntarte al menos
que querías, ¿qué pasa que por ser pequeño no puedes elegir? Puedes elegir el
sabor del yogur, pero creer o no creer, no.
Pero vamos el tema va de que tu familia, con la que te
has criado, no es la importante en días tan señalados, sino que el día lo
maneja un señor llamado Dios, oraciones dedicadas a Dios y rezar a Dios. ¿Por
qué no dedicar estos días a tu familia de verdad, no a la que te han inculcado,
esa que es invisible pero te vigila, a la familia que lleva tu sangre?
Celebrar el nacimiento de un bebé con gente que no
conoces, ¿por qué no dedicar más tiempo a la familia, a tus amigos…? y así el
día especial todos se conocerán y habrá una conversación en la mesa.
Así, por desgracia, son la mayoría de las comidas de
bautizos y bodas…
Será vuestra familia, pero no sabes quienes son.
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