Creo que comienzo a entenderte
un poco más. A saber porque esa mala cara al ver el final de una noche de
colegas. Al cerrar la puerta y solo oír los pasos avanzando, aunque estés
parado observando el vacío.
Tener a mano el teléfono siempre
por si alguien se acuerda de ti. O para llamar a contar tus penas, y tener que
colgar porque nunca sirve de nada y otra vez absorbida por el ruido al aplastar
el teléfono contra la mesa.
De esto ya me avisaron; por interés
te quiero Andrés, rima que se padece en la realidad. ¿Pero qué interés genera
una persona?
Al final otro dilema de la vida
topado de frente.
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