Mi espalda ya no ve la luz, solo una goma lo
salva.
Me
priva tu mano por debajo, las dos en la montaña; el dorso de mi tacto se
apodera de tu cabellera para aproximarte a mí. Reiteradamente tiras, me aferras
y me contraes.
Con
calma haces un roce, con rabia un umbral. Un desenlace con tu aliento en mi
boca; mis labios en tu piel.
Será
una guarrada, pero me atrae que todo termine en lo oscuro.
Tú en mí, yo en ti.
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